Reglas no escritas en el deporte de los gallos de combate

junio 2009, No. 140

Por C. P. Leopoldo Velázquez

En teoría, todos los que gustamos de la pluma y participamos en jugadas de cualquier nivel debemos conocer a fondo el Reglamento correspondiente. Sin embargo, en esta ocasión quiero comentar las reglas que, como aficionado de los “bien picados” a los gallos de pelea, me gustaría que se aplicaran en este bonito deporte, sobre todo en palenques de poblaciones y ferias pequeñas. Es un sueño, pero como soñar no cuesta nada, comparto con usted, amigo lector, las reglas que –como la película de Cantinflas– “si yo fuera diputado” (creo nunca lo lograré, pues me considero una persona honesta y trabajadora), sería lo primero que mandaría al pleno para su aprobación y posterior promulgación como ley:

Comportamiento
Desafortunadamente, en muchos casos, la fiesta de los gallos está dejando de ser un evento al que se pueda asistir con la familia. Gritos, palabras altisonantes (las “mentadas” ya son cosa de niños), personas ebrias, entre otras cosas, han hecho que esposas, novias, hermanas, cuñadas, tías, abuelitas, niños, jóvenes, amigas, amigos y uno que otro colado se ausenten, tristemente, de la fiesta. Mi propuesta es que la empresa invite a las personas en estado inconveniente o que estén armando mucho alboroto a que se comporten o, si no, a que “ahuequen el ala”. Así de simple. Es de resaltar que, por fortuna, esto no es un mal generalizado, como podemos constatar en muchas de las fotos que aparecen en la sección de… Feria de nuestra querida revista Pie de Cría, donde podemos contemplar familias completas y bellas damas que dan realce a esas jugadas.
Seguridad
Éste es un aspecto que los empresarios de palenques chicos y medianos no deben omitir por ahorrarse sólo unos pesos. Para esto, y de manera obligatoria, el empresario debe contar con los elementos policíacos necesarios para garantizar la seguridad de los asistentes. Si usted va a un palenque y no ve ningún tipo de policía oficial, si al ingresar no le hacen alguna revisión y todo mundo pasa como Juan por su casa, entonces lo invito a que piense dos veces si vale la pena quedarse y arriesgarse de manera innecesaria.

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Topando gallos. (fotos: cortesía del C.P. Leopoldo Velázquez)

Puntualidad
Dicen que, a diferencia de los ingleses que llegan 15 minutos antes de la hora acordada, los mexicanos tenemos una hora de tolerancia para nuestras juntas, citas y compromisos. Todos conocemos las tres mentiras del mexicano: mañana te pago, la última y nos vamos, y la tercera… no la recuerdo. Pero en el ambiente gallístico podemos adicionar otra: “a las ocho de la noche se suelta la primera pelea con los partidos que estén”. En las jugadas que he participado, nunca, pero nunca, el pesaje y anillado de los gallos inicia a la hora que citan a los partidos y, en consecuencia, se suelta la primera pelea con dos o tres horas de retraso. El colmo es que, ya habiendo soltado varias peleas, llega un partido, y el juez de asiento tiene la desvergüenza de preguntar: “Señores de los partidos, está llegando un partido más, están de acuerdo en que entre para completar los 34 partidos? ¡No la chiflen que es cantada! Los resultados son nefastos: la jugada termina a altas horas de la madrugada, cuando el palenque está solo, ya no hay público y sólo quedan los pocos partidos que tienen interés en el desenlace. Los corredores están tan dormidos como los pobres gallos. Además, quienes deben regresar por carretera a sus casas se exponen a un accidente; y también hay el riesgo de que a los ganadores los asalten para quitarles el premio; mientras que los perdedores tampoco están exentos de que los asalten.
En fin, todo esto sucede debido a la falta de seriedad y responsabilidad por parte de los empresarios y también porque uno, como aficionado al gallo, se los permite. Debe haber una hora exacta para iniciar la pesada y anillada, y dar unos veinte minutos de tolerancia después del último gallo que se haya pesado. Transcurrido ese tiempo, debe iniciar la jugada con los partidos que estén presentes.

Amarrar afuera
Estoy de acuerdo en que, al pagar la entrada a un derby, uno da por descontado que le darán oportunidad de aparecer en el anillo para llevar a cabo todas las labores que representa el armado de nuestras aves: medir las navajas, buscar entre docenas cuál debemos usar… todo para que, al final, nos diga el juez: “una más altita, vale, porque no da ni la pulgada”. Entonces desenrollamos el hilo, contando las brazadas, le damos su buena estirada, le pasamos la tijera para quitarle el exceso de cera, ponemos el tape y empezamos, con toda parsimonia, a amarrar como los grandes.
¿Tiempo invertido en todo este proceso? De 15 a 20 minutos, lo que, multiplicado por diez peleas por ronda, nos da unos 200 minutos ó 3 horas y media. Por las tres rondas, eso asciende a 600 minutos ó 10 horas y media. ¡Y sólo estoy hablando de un derby de 20 partidos y del tiempo que lleva la sola amarrada! Mi propuesta es que, invariablemente, cuando el derby sea de más de diez partidos, se amarre afuera. Si así lo hacen en los Intercontinentales y en muchas jugadas de primera división, no sé porqué a quienes jugamos en tercera nos molesta cuando nos piden que amarremos afuera.

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Canceleras de cuido, del C. P. Leopoldo Velázquez.

La empresa no juega
Señores empresarios: no se vale chiflar y comer pinole o, para ser más claro, o cargan la virgen o avientan los cuetes, pero nunca hagan las dos cosas. Como empresario, su objetivo es hacer negocio con las entradas, la “saca” o corretaje, y la venta de comida y bebida. De este modo, debería estar prohibido que la empresa meta partidos en las jugadas que organiza. Cuando menos, que no resulte tan obvio: jueguen con otro nombre y lleven otro amarrador y soltador. Evítense dar lugar a malos pensamientos. Si el empresario paga a los jueces, entonces, de hecho, es su patrón; y si los jueces deben tomar una decisión apretada cuando esté jugando su jefe, ¿de qué lado creen que van a cargarse? Cuando el gallo del patrón se está yendo, el conteo del juez de arena sera: undostrescuatrocincoseissieteochonuevediez. ¡¡Póngalos!! Como si estuviera jugando al bote pateado: ¡undostres por mí! ¿Y qué tal cuando se trate del gallo del contrario?: uuuuuuno… doooooos… treeeeees… cuaaaaatro…
Señores empresarios: zapatero a tus zapatos, ustedes encárguense de hacer un bonito negocio con el palenque y dejen que seamos los partidos quienes complementemos la fiesta.

Todas las apuestas por dentro
Así como el empresario no debe meter partidos, todos los asistentes, sin excepción, deben hacer sus apuestas por dentro. Como integrante de un partido o aficionado, uno debe entender que precisamente el corretaje o comisión que cobra la empresa (10% de lo que reciben los ganadores) es parte importante de los ingresos que dicha empresa debe percibir para hacer frente a los gastos en que incurre al instalar y operar un palenque, gastos que van desde el permiso de Gobernación y la vigilancia, hasta la renta del local, la luz, el sonido, etcétera.
Así, independientemente de la apuesta, ésta debe estar amparada por un talón entregado por un corredor. Apostar por fuera genera un alto riesgo para los involucrados: el perdedor se mueve de lugar con la esperanza de que el que le apostó no lo encuentre. Y cuando por fin dan con él y le dicen “¡págame!” Responde: “¡Ah, chin…, ¿a poco no le fuimos en sociedad al mismo gallo?” Otra. Si le reclaman: “me diste a sesenta, ¿no?” Responde: “¡No, le apostamos parejo!” O ya, el colmo: “Ahí le va uno de doscientos y déme cien de cambio.” “Pero, señor, si apostamos doscientos.” “O sea que ¿me está diciendo mentiroso?”… Y terminan queriendo irse pa´fuera, para demostrarse sus mutuas valías y equivocaciones.
¿Ha visto situaciones semejantes? Seguro que sí. Por lo tanto, amigos, evitémonos problemas y así como exigimos a la empresa buenas instalaciones y seguridad, también debemos pagarle la parte que le corresponde cuando ganemos.

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Canceleras de cuido, del C. P. Leopoldo Velázquez.

Partidos rajones
¿Cuántas veces le ha tocado ver que en el programa de un palenque se incluyen partidos que, a la mera hora, no se aparecen? Con el fin de erradicar este tipo de males, lo ideal es que, para entrar a un derby, el partido deposite a la empresa cuando menos el 50% de la entrada. Así, los partidos que no se presenten el día de la jugada, perderán su depósito y éste se sumará al premio por el que jugarán los partidos asistentes.
Insisto: si algún día se implementaran estas reglas de manera generalizada, mejoraríamos nuestro deporte y, de paso, ayudaríamos también a cambiar la imagen negativa de los palenques y de los aficionados a los gallos. Para la mayoría de la gente, palenque y gallero son sinónimos de peligro, bebida, desvelada, apuestas inmensas, entre otras cosas. Cuidemos y valoremos lo que tenemos. Somos afortunados de que en la actualidad contemos con infinidad de alternativas para jugar nuestros gallos de manera legal y, sobre todo, con tranquilidad y seguridad. Juegue siempre limpio, haga amigos y disfrute sanamente de esta bella fiesta.
Un saludo especial a toda la afición gallera de la Rivera de Chapala, donde en verdad se disfruta la jugada, así como a todos los amigos galleros de Los Guajes, Churintzio, Purépero, Zináparo, Numarán, Penjamillo y La Piedad, todos del estado de Michoacán. A usted, mi estimado lector, lo espero en el siguiente número, pero será en “la primera de abrir”.

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