Francisco Javier Gil Sánchez, “Punteador”

enero/febrero 2009, No. 136

Por: Rodolfo J. Guerrero Zúñiga

– Después de varios intentos fallidos, por fin tengo el gusto de conversar con don Francisco Javier Gil Sánchez. Muchas gracias por su tiempo; ¿cuántos años tiene usted en los gallos?
– Comencé desde los 6 años de edad.

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Francisco Javier Gil Sánchez

– ¿Más chico que el Chipilín?
– Él también está en esto desde muy chiquillo.

– ¿De dónde es originario usted?
– De Navojoa, Sonora; después me fui a Tijuana, donde comencé a jugar gallos de manera profesional.

– ¿Siempre se dedicó de lleno a los gallos?
– Todo el tiempo. Fui corredor de apuestas, empresario… nunca he dejado de jugar gallos. Ahora hace como dos años que estoy en el Centro del país dedicándome a ello. Antes veníamos desde Tijuana a competir al Centro, hasta que me establecí aquí, en el Rancho La Primavera.

– De alguna manera, usted estuvo asociado con otras personas, como empresa; se ha dedicado por muchos años a los gallos sin descuidar el aspecto de la preparación y, lo más importante, el punteo, que es su especialidad.
– Sí, me he especializado más en puntear los gallos, porque es la fase final de la preparación, el momento cuando se busca el corte máximo para ganar la contienda.

– Usted ha preparado gallos durante muchos años, ¿cuánto tiempo de preparación le da a un gallo, incluyendo el precuido?
– Me gusta jugar gallos que ya han estado en mis manos por lo menos dos meses, porque así ya los tengo acondicionados. Después de ese lapso, pueden competir con cualquiera, pues cuentan ya con el precuido y el cuido.

– Y, muy someramente, ¿cuál es el trabajo que les da, el que considera adecuado?
– Lo que manejamos es la rotación. Los gallos se van rotando a diario, en diferentes lugares; y, en la mañana, a volarlos. Sólo los volamos y los rotamos. Además, también es muy importante la alimentación, sobre todo los granos.

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Voladeros con gallos que reciben la “visita conyugal” periódicamente.


– Pero, ¿sí les da trabajo de mesa?
– Sí, pero ahí de lo que se trata es más bien de volar a los animales para que agarren su aire, fuerza en las alas; lo demás es la altura de las instalaciones donde vuelan y anden caminando; los voladeros tienen como de dos por dos metros, y unos tres metros y medio de alto. Roto los gallos y, además, tengo un área donde están las gallinas, y se las echo para que ellos produzcan su propia testosterona y, a la vez, se relajen; eso es durante todo el entrenamiento. De este modo, el gallo no se aburre.

 

– Vamos a plantearlo de esta forma: ¿cuántas visitas conyugales recibe el gallo?
– Cada tercer día les toca gallina.

– Pero, ¿todo el día o un rato?
– Desde en la mañana. Comenzamos a volar al gallo y se va rotando al que le toca gallina, pero es todo el día.

– ¿Cuándo suspende esas visitas?
– Doce días antes de la pelea.

– ¿Qué cantidad de alimento les administra; lo hace por la mañana o por la tarde?
– Tanto en la mañana como en la tarde. Son 65 gramos lo que se come el gallo en el día.

– Pero con alimento de primera. ¿Cree usted que un gallo debe comer más grano que pellet?
– Así es. Lógicamente, lo que más me importa de los granos es la proteína.

 

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Área de canceleras, parte de las instalaciones de “Rancho La Primavera”. (fotos: RJGZ)


– ¿Usa vitaminas?

– Claro que sí, Complejo B, el 5,500 de Laboratorios Tornel; y también comida americana.

 

– ¿Y drogas?
– No, no anabólicos, sólo el Equigán.

– ¿Quince días antes de la pelea?
– No, lo uso un mes antes; y, luego, doce días antes de la pelea.

– Se supone que, doce días antes, el gallo todavía va en aumento…
– Sí, está a su máxima potencia.

– ¿Cuál es el tipo de gallo que más le gusta?, ¿con cuál se siente más satisfecho por su rendimiento?
– Con los Albany.

– ¿De algún origen en especial?
– No. Me gusta mucho el Albany porque es muy certero, muy golpeador. He
manejado gallos de muchas granjas; de Chuy Solís, por ejemplo, y con esos Albany hemos ganado muy bien. Me gustan por lo cortadores que son, ya lo traen de manera innata. Uno puede ayudarles a explotar esa cualidad por medio de los ejercicios, formándoles un buen cuerpo, haciendo que tomen buen aire. Además, mentalmente, los Albany son muy contentos; no son bravos ni nada, sino muy dóciles. El problema con el gallo bravo es que cuando uno lo está punteando, el animal se distrae y se pone a pelear con uno, en lugar de con el rival.

– He tenido la oportunidad de ver topar una enorme cantidad de gallos y, en general, me llama mucho la atención que la vasta mayoría de ellos le pega al rival; es decir, no andan “loqueando” ni “fuera de gallo”, como se dice, sino que van directamente sobre su contrario. ¿Cuántas topas tienen estos animales?
– Cuando los tengo por dos meses, los topo cada ocho días, pero si sale un cuido inesperado, uno que deba jugar pronto, y los animales no saben topar, entonces los topo dos veces por semana o cada tercer día. La idea de toparlos es enseñarlos a golpear a los otros animales, pero, normalmente, una vez que han pasado dos meses conmigo, los topo una vez a la semana. Eso le sirve al gallo para desahogarse, desestrezarse y que no esté tan bravo con uno.

– También me he dado cuenta de que no importa mucho el peso del rival, porque además son topas muy cortas: de entrada, un golpe, y después se vuelven a poner; es decir, no dejan que se golpeen en exceso.
– Así es. Cuando topo, no procuro que los pesos sean parejos, sino que lo hago con gallos de diferente peso, para que se acostumbren a recibir la fuerza del otro animal y a defenderse.

– Además, así aprenden diferentes estilos.
– Sí, porque cada vez que topamos es con diferente gallo; tratamos de que un gallo nunca tope con el mismo rival, para que no se acostumbren al mismo estilo, sino a varios.

– ¿Con el fin de tener un poco más de liberalidad?
– Sí, porque uno no sabe cuál será el estilo de pelea que tendrá su rival cuando compita en el palenque; entonces, el gallo sabe qué estilo adoptar en cada ocasión: si se va a subir o no, si va a volar o no. Los animales son muy inteligentes y, por lo general, saben cómo comenzar a golpear. Así, si ya están acostumbrados a varios tipos de pelea, tienen más opciones para decidir cómo quieren pelear cada vez.

– ¿Cuál es el famoso punteo que le ha funcionado tan bien a usted, que tantos éxitos le ha cosechado?
– Para mí, el punteo son los últimos tres días. Les recorto la comida a la mitad; les doy maíz quebrado y toda el agua que quieran tomar. El día de la pelea, dependiendo de la hora a la que jugarán, desayunan a las 4.30 de la mañana (como en el Intercontinental) y les doy uno o dos tragos de agua. Con eso es suficiente.

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Leonardo “Chipilín” Galeazzi, Francisco Javier Gil Sánchez y su hijo José Rodrigo Gil Castillo, en “Rancho La Primavera”.


– Supongo que el día de la pelea usted está pendiente de cómo se sienten los gallos; ¿les suministra algo más?
– Maíz quebrado, lo que agarre uno con dos dedos; con eso tienen para sostenerse tres horas fácilmente. Se mantienen sin perder fuerza ni nada, no se debilitan.

– ¿Usted los baña?
– No.

– Pero, ¿cuenta con una zona donde ellos pueden bañarse?
– Sí, les tengo su tierra donde se bañan solos.

– Es decir, ¿las instalaciones están pensadas para que si el animal desea bañarse, pueda hacerlo todos los días?
– Así es. Que busquen lo que quieran; si quieren humedad de tierra, la encontrarán. Lo mismo ocurre con la paja.

– Estos últimos días, ¿los gallos duermen en canceles cerrados o siguen durmiendo en las instalaciones?
– Durante el cuido nunca uso canceles para dormir. Duermen en jaulitas de 60 por 60 los últimos tres días, pero durante los dos meses de entrenamiento, no uso canceles.

– Pero, ¿sí se quedan a oscuras, los mete en alguna área de control?
– Sí, los pongo en un cuarto oscuro y los saco a obrar cada cuatro horas.

– Entonces, ¿esa jaula o rascadero tiene una cubierta?
– Uso tela, divido con plástico y lo tapo con tela. Además, manejo aire acondicionado o humidificadores, de acuerdo con lo que sea necesario.

– Eso es cuando viaja…
– Sí, a donde sea que vaya.

– ¿Cuál es el tiempo que considera idóneo que el gallo descanse después de un viaje de dos horas, por ejemplo?
– Me muevo dos días antes del combate, no importa que esté a una hora de distancia o más, sobre todo para prevenir cualquier contratiempo que pudiera ocurrir en el camino; así tengo tiempo para que el gallo se recupere. Es preciso preocuparse por lo inesperado, podría ocurrir que estuvieran bloqueadas las carreteras y uno puede perder horas de camino, ya me ha pasado.

– Pero, si ocurre un evento inesperado y hay que viajar el mismo día, ¿cuánto tiempo le gusta que los gallos descansen después de un viaje de dos o tres horas?
– Por lo común, te piden gallos de última hora. En esos casos, me voy temprano. Salgo a las 6 ó 7 de la mañana, les doy de desayunar en el lugar donde voy a jugar y la idea no es que se duerman, sino que estén obrando, para que se vacíen, porque si metes y descansas un gallo, lo vas a tronar. En cuanto lo encierras, el gallo entra en estrés y eso lo hace dejar de obrar; y si deja de obrar, retendrá agua y alimento.

– De alguna manera, usted maneja más el estilo americano que el mexicano…
– Lo que pasa es que he estado con amigos en las galleras de Estados Unidos y he visto cosas que luego he ido aplicando. Por ejemplo, tengo caminaderos de 4 m de largo, 2 de ancho y 1.50 de alto; y el gallo ahí camina y hace todo solo, a excepción de las voladas. Dejo al gallo volar 15 días antes para que se rehaga solo y se recupere de cualquier dolor que tenga.

– Me da la impresión de que ese no es el sistema que se usa o usaba en México. Veo que en muchos lugares llega la gente, pesan los gallos y de inmediato les dan un almuerzo; mientras que usted no hace eso.
– No, para competir en el Intercontinental, les di el almuerzo a las 4:30 de la madrugada, pero ya en el palenque, les mantengo una buena dieta. Además, es preciso desparasitarlos, pues a veces las lombrices o parásitos hacen que los gallos se “desinflen”. Si el gallo tiene parásitos, no importa la calidad de comida que le dé, no le servirá de nada.

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Francisco Javier Gil Sánchez observando una topa, asistido por Leonardo Galeazzi y Leonardo“Chipilín” Galeazzi.

– Así es. También he visitado muchas veces los Estados Unidos y me he dado cuenta de que ésa es una diferencia muy marcada con respecto a lo que se acostumbra en México. Nunca he visto que allá les den de almorzar a los gallos, en cambio aquí es una costumbre muy generalizada.
– Es que en México la mayoría de las personas lo hacen porque temen que el gallo esté muy débil para jugar. Pero el gallo juega débil por dos razones: porque tenga parásitos o porque la restricción de comida le disminuya los niveles de azúcar; y, al bajar el azúcar, el gallo se siente débil y peleará flojo.

– ¿Cómo maneja usted ese tema del azúcar, los carbohidratos, lo que el gallo convierte más fácilmente en energía?
– Uso el maíz quebrado, el palomero, amarillo; lo lavo y lo muelo, y ellos obtienen de ahí sus azúcares, para no debilitarse. Además, dos peleas antes de la contienda, les doy una pastilla que se llama Big Polen, una pastilla americana que les da energía momentánea. Si no tengo eso, les doy chocolate, que es un alimento que se convierte rapidísimo en energía, eso es lo que hace que el gallo no pierda fuerza.

– Insisto en el punto porque a veces siento que es un tema que la gente no pondera de manera adecuada. Cuando le damos de comer a un gallo después de pesarlo, le ocurre lo mismo que a nosotros cuando almorzamos: nos viene una especie de somnolencia, pues nuestro organismo empieza a hacer digestión.
– Cierto, y la sangre se concentra en el hígado y empieza uno a dormirse.

– Cuando le damos al gallo cualquier cantidad de alimento, y he visto que les dan por lo menos 30 ó 40 gramos después de pesarlos…
– Es demasiado…

– Los gallos no tienen buenos resultados, rinden horrible. Sin embargo, como casi todos hacen lo mismo, no se nota tanto, pero si se enfrentan con alguien que lleva una práctica más adecuada, entonces sí se nota la diferencia.
– Se nota porque el corte del gallo vacío (pero con la humedad intestinal necesaria) es más profundo y largo que el de un gallo con comida, que cerrará menos las patas.

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Francisco Javier Gil, con Norberto Angulo y la Sra. Ermila Camacho, de “Quinta Naomí” y “Huertas La Joya”, con quienes obtuvo 2° y 3° lugar en el México – USA, celebrado en Pachuca, Hgo., en junio de 2008.


– Por eso siempre hay que buscar que los gallos vayan en las mejores condiciones, incluyendo el transporte. También he visto que le solicitan mucho que amarre: ¿cuál es el secreto de la amarrada de Francisco Javier Gil?

– No es secreto, sino que busco una buena navaja, es decir, con buen filo, que se mantenga durante la pelea. No hay nada escondido: busco las cuadraturas sobre el espolón y ése es el mejor corte que hay. Yo uso el espolón como su arma.

– También supongo que, con el tiempo, aún cuando el gallo tenga cortado el espolón, usted se imagina cuál era la forma de ese espolón, porque hay animales que lo tienen mucho más curvo que otros.
– De hecho, la mayoría de los gallos que agarro están en tee pee, y uno les va viendo la forma del espolón, ya sea curveado o recto. De ahí elijo la forma de la navaja. Una de ellas es la recta, precisamente por el tipo de espolón que podría haber tenido el gallo. Por lo común, el espolón va pegado del dedo chiquito del gallo, pero hay gallos que tienen el espolón más separado. Eso indica, lógicamente, que hay una deformidad del gallo y si uno no conoce la distancia del espolón al dedo, entonces quien no sepa amarrar un gallo a la distancia adecuada ya llevará ventaja.

– Sí, he visto a esos gallos. Y, como tip para la gente que comienza en esto, ¿qué les recomendaría, colgarle un poco más la navaja o ponerle una navaja más recta o más curva?
– No, que se bajen al ras del espolón, un poquito jalado hacia fuera y al codillo. Yo lo dirijo al codillo y los animales han cortado bien.

– Usted ha trabajado con mucha gente, ¿con quién ha trabajado mejor?
– Ahora trabajo con “Quinta Naomí”, aquí en el “Rancho La Primavera”; y trabajo muy a gusto, porque el jefe no se mete con uno. Inclusive, cuando vamos a jugar, el señor no ve ni una topa, sino que confía totalmente en nuestro trabajo y llevamos al gallo que nosotros pensamos que puede ganar. Y así hemos obtenido buenos resultados. En cambio, hay otros patrones que llevan el que ellos quieran, aunque no se trate de buenos ejemplares y eso no está bien. Aunque se trate de un súper gallo, cuando lo metes a descansar tuvo estrés, ya no obró, retuvo agua, comenzó a consumir más agua. Por ejemplo, si tengo siete peleas, no llevo siete gallos sino catorce o quince animales, todos uniformes; y de ahí tomo a los mejores, los que casi no tomaron agua, los que se sientan mejor, porque esos serán los que jugarán.

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José Rodrigo Gil Castillo, Leonardo “Chipilin” Galeazzi, Francisco Javier Gil Sánchez, Leonardo Galleazzi y, al frente, Vicente.

– Recuerdo que en el Intercontinental ganó el primer lugar con el “Cherokee”…
– Sí, con “La Jimena y Cherokee”.

– En aquel entonces coincidimos en el stand del Ing. José Luis Cantón. Él le preguntó cómo estaban los gallos y usted respondió: “con excepción de uno, muy bien; si la libramos con ése, vamos a ganar”. Y, precisamente, el gallo que no le gustaba fue el único que hizo tablas. Al final, ganaron el evento. ¿Qué lo hizo sentirse tan seguro en aquella ocasión?
– Estaba trabajando en Hermosillo, Sonora, con Luis Carlos García, y tuvimos un problema de enfermedad. Entonces mandé llamar a César Cornejo, quien atendió a los animales y nos invitó a jugar el Intercontinental en Pachuca. “Hasta lo vamos a ganar”, le dije. Él contestó que era difícil, pero yo estaba acostumbrado a jugar ese tipo de torneos porque son semejantes a los que he jugado en Estados Unidos. César Cornejo no me creyó entonces, pero tocó la suerte de que lo jugamos y ganamos. Es la primera vez que yo iba al Intercontinental, ni siquiera había visto cuál era el sistema que llevaban.

– Es decir, cuando se ha participado tanto en Estados Unidos, ya no hay ninguna sorpresa, porque es más o menos semejante.
– Le comentaba a Cornejo que allá el problema es saber mantener el gallo. Quien sepa hacerlo durante todo el día es una persona que siempre estará en la final, porque el gallo puede estar bien un momento, un par de horas, pero si uno se descuida y no se da cuenta de que algo anda mal, el gallo no peleará bien.

– Aunque hay mucho qué platicar con usted, no me gustaría abusar de su gentileza, así que, para terminar, ¿cuál es el consejo que le daría usted a los lectores de Pie de Cría, sobre todo a los jóvenes que apenas empiezan? Por desgracia, hay muchos galleros que no quieren compartir sus experiencias porque creen que después les van a ganar. Sin embargo, si eso ocurriera, la civilización no sería lo que es hoy; es decir, si no se difundieran los conocimientos para que los demás los enriquezcan y todos nos beneficiemos, entonces no habríamos llegado tan lejos.
– Yo pienso diferente. A las galleras donde he llegado ya había otros pastores; a veces llevan tiempo allí, pero que no han podido ganar. Entonces, cuando llega uno lo ven con recelo. En cambio, a mí me gusta enseñarle a la gente. Si me preguntan, les digo honestamente lo que hago. Me gusta que los demás, ya sea más jóvenes o mayores que yo, lo sepan. Les transmito lo que hago, y ya ellos decidirán lo que quieran hacer. Así aprendí yo, preguntando. Ahora, con el paso del tiempo, me he dado cuenta quién me dijo la verdad y quién no; lo mejor es encontrarse con gente que sabe. Además, cuando debo enfrentarme a quien sabe menos que yo, hasta me siento mal; en cambio, cuando veo que el rival es difícil, tanto o más que yo, no sé de dónde me sale la energía competitiva de ganarle, de derrotarlo, porque allí nos peleamos conocimientos. Pero no hay envidias, aquí compartimos todo.

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MVZ Mario A. Pineda, Jorge Carnero, Leonardo Galeazzi, Francisco Javier Gil y Jorge Vega, en el Intercontinental de Pachuca, Hgo.

– Lo sé. Quizás recuerde que en el evento pasado lo recomendé a usted con el profesor Ugalde. Yo nunca he preparado un gallo, pero él me preguntó a quién podría recomendarle y le dije: “acércate a Francisco Javier Gil”. Él después me comentó que usted era una persona sensacional y que, sin ninguna cortapisa, le había ofrecido sus conocimientos. Por eso me atrevo a preguntarle, en términos generales, ¿qué le recomendaría usted a alguien que comienza a preparar sus gallos?
– Que sea dedicado. Muchas veces, si no pueden dedicarse al cien por ciento, deben buscar espacios, pero es preciso ser dedicados, por ejemplo, en la desparasitación. Yo me aferro a eso, porque el gallo que está bien desparasitado aprovechará los nutrientes del alimento, aunque se trate de la comida más barata. Le soy honesto, no uso la pastilla mexicana porque aunque sí desparasita y los gallos se sienten bien 5 u 8 días, después se aflojan y no agarran consistencia, ni aunque les dé la mejor comida que tenga. Yo los alimento con lo que yo preparo, porque no compro comida, sino que compro los granos y complemento el alimento con la comida preparada que hay, pero para mezclarlo con ciertas cosas que no trae lo mío, como la ceniza.

– ¿Qué desparasitante usa?
– Uso Wormal, que es filipino. Les doy una tableta; cada pastilla cuesta quince pesos; es decir, es costosa, sobre todo si uno tiene muchos gallos. Pero vale la pena, porque es necesario supervisar la calidad de lo que uno les da. Los gallos tienen que quemar su grasa mala para desarrollar buena carne y músculos.

– ¿Y las vitaminas?
– Son un complemento que se puede aplicar una vez a la semana o cada quince días, pero la fuerza real el gallo la adquiere a través de lo que come; como dicen: “por el pico entra lo bueno”.

– ¿Usa el desparasitante una sola vez o repite la tableta?
– Puede administrarla cada mes y medio. Es un desparasitante muy bueno: en una semana usted notará el cambio en el cuerpo de los animales, incluso verá que tienen más fondo, porque tienen más resistencia.

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– Claro, porque un animal sano, bien nutrido y alimentado, sin parásitos, siempre tendrá un rendimiento mucho más parejo y elevado. Le agradezco mucho su tiempo, así como su magnífica disposición, que tenga usted mucho éxito y siga siendo una persona ganadora, porque se lo merece.
– Seguiré esforzándome, primero Dios, a quien le pido que me dé sabiduría para seguir adelante.

– Me dio gusto platicar con usted. Muchas gracias.
– Gracias a usted.

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